Ellos, rozagantes,
filosos,
velocísimos.
Ellos, inspiradores,
cortantes.
El aire de dulce de leche,
la sangre se vuelve miel,
la piel de papel calcable.
Y sin defensas,
atravesado por zafiros.
Respirar tan complejo,
tan titánico.
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Pequeño espacio de (in)expresión personal.
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