Avezado sobre el cristal estaba yo,
ronroneando, me costaba respirar.
Viendo afuera el temporal,
y desde adentro estaba también,
revoloteando las ramas,
arrancando las raíces,
inundando las veredas.
Hermanado, solo él parecía entenderme.
El martillazo de las lágrimas contra el pavimento,
la ventisca de mi aire empedernido,
el diluvio de las cosas inconclusas.
Avezado contra el cristal estaba yo,
espejado.
El violento lagrimear del cielo.
Hermanado, fue ahi cuando lloramos juntos.
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Pequeño espacio de (in)expresión personal.
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